viernes, 16 de septiembre de 2011

Emociones vs. Conductas


Resource Photo: Joaquin garcia. prohibida su reproducción

Cada vez estoy más convencido que gestionar personas es menos complicado de lo que parece, si atacáramos este reto de manera distinta. 


En demasiadas ocasiones, nos centramos en las emociones y éstas no se pueden controlar, son las conductas en las que podemos focalizar esfuerzos. 


¿Cuántas veces evaluamos emociones de nuestros equipos que ni siquiera conocemos realmente? Sentimos emociones en base a nuestro aprendizaje y además hemos mal aprendido que determinadas conductas son imperativas de otras emociones.



Por ejemplo, un cabreo monumental está asociado al grito-conducta-, se considera normal, pero esa conducta no tiene porque ser "lo habitual" , dependerá de lo que queramos conseguir, del objetivo marcado (por ejemplo, cerrar un acuerdo, conseguir un aumento de sueldo.....). Si modificamos la conducta, dejar de gritar, hablar en un tono pausado, podremos controlar una comunicación más eficaz. Aquí, radica toda la complejidad de las relaciones personales: saber gestionar conductas y no emociones nos permitirá establecer pautas objetivas de comportamiento, evaluables.


Si aprendemos a gestionar conductas en nuestros equipos, controlaremos el 80% de los problemas , en un  anterior post sobre  competencias en la universidad, comentábamos que La experiencia nos enseña que  el 80% de los problemas/retos que tenemos en la empresa cada día,  tienen relación con la gestión de personas.


Seamos capaces, pues, de aglutinar la razón en la emoción, al fin y al cabo las emociones no son más que inputs de información que recibe nuestro cerebro a la espera de una decisión conducta-output . Si orientamos esa decisión en la búsqueda de una solución llegaremos al objetivo.


Veamos un ejemplo. Todos  hemos asistido a reuniones dónde hay un tocapelotas. Lo normal es que el tocapelotas se convierta en el rey de la reunión, simplemente porque nuestra emoción (cabreo ante su comportamiento) nos llevará a intentar responderle, contrariarle.... nuestra mirada  se dirige hacia él y perderemos unos minutos muy valiosos de la reunión en hacerle ver que  si, que  "nos ha tocado las pelotas". Conclusión: nuestra conducta está ocasionando perder el objetivo de la reunión. Si modificamos nuestra conducta, por ejemplo, ignorándole, conseguiremos reducir seguro su intensidad y reconduciremos la reunión a los objetivos fijados previamente.
Si cambias tu propia conducta, conseguirás modificar la conducta de los demás


¿Qué hizo Valderrama cuando Michel le tocó las pelotas? ¿Su actitud fue la correcta?
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